Retrato en blanco y negro
Nosotros. Los insumergibles, los que decidimos colgarnos de un enorme
trapecio suspendido en el espacio, hemos vuelto para despedirnos, no
queda más de nosotros.
Nosotros: tú y yo, este camino, el agua y la música de todas las mañanas
se han roto en los retratos. No hay huellas ni salmos que los salven.
Tú y yo, fuimos dos lágrimas rodando en rostros opuestos. Éramos
silencio en los cuartos, ecos en los pechos repitiendo lengua y saliva,
lengua y saliva.
Tú y tus labios, yo y mi sombra, la música alta, muy alta rompiendo el
tejado.
Ahora nada existe, y el ritmo, esos violines inmensos apenas se escuchan
a lo lejos, allá, detrás de la lentitud.
Todo quedó atrás, en las hojas blancas y en las cortinas abrazadas por
el polvo, en los libros penetrados por las termitas y las colillas
apagadas.
Sé que quieres razones, almohadones, respuestas, sábanas cubiertas de
fluidos, una vuelta atrás, y un beso desbordando una catarata.
Pero no queda nada floreciendo en el jardín, no hay estrellas en la
noche, y tú y yo comenzamos a desvanecernos.
Nosotros, los recuerdos; esa tarde, los gemidos; esa noche, los ojos;
esa mañana, las manos; ese día, el cabello y el sol siguiéndonos,
apagándose.
Tú y yo, somos, lo que apenas fuimos.
Nosotros. Los insumergibles, los que decidimos colgarnos de un enorme
trapecio suspendido en el espacio, hemos vuelto para despedirnos, no
queda más de nosotros.
Nosotros: tú y yo, este camino, el agua y la música de todas las mañanas
se han roto en los retratos. No hay huellas ni salmos que los salven.
Tú y yo, fuimos dos lágrimas rodando en rostros opuestos. Éramos
silencio en los cuartos, ecos en los pechos repitiendo lengua y saliva,
lengua y saliva.
Tú y tus labios, yo y mi sombra, la música alta, muy alta rompiendo el
tejado.
Ahora nada existe, y el ritmo, esos violines inmensos apenas se escuchan
a lo lejos, allá, detrás de la lentitud.
Todo quedó atrás, en las hojas blancas y en las cortinas abrazadas por
el polvo, en los libros penetrados por las termitas y las colillas
apagadas.
Sé que quieres razones, almohadones, respuestas, sábanas cubiertas de
fluidos, una vuelta atrás, y un beso desbordando una catarata.
Pero no queda nada floreciendo en el jardín, no hay estrellas en la
noche, y tú y yo comenzamos a desvanecernos.
Nosotros, los recuerdos; esa tarde, los gemidos; esa noche, los ojos;
esa mañana, las manos; ese día, el cabello y el sol siguiéndonos,
apagándose.
Tú y yo, somos, lo que apenas fuimos.

