Mercedes garcía tudurí
Hay seres que debieran ser eternos
como la luz, el cielo, el aire, el mar;
seres que en las aristas del silencio
descubren un jirón de inmensidad.
Hay seres que están fijos en el tiempo
como el verso que nadie escribirá,
y en la gota de cada pensamiento
vierten su vocación de libertad.
Y tú eres, maestra, el Evangelio,
Un ejemplo perenne de bondad;
espejo para ver el infinito
que no tiene comienzo ni final.
Hay seres que debieran ser eternos
Como el amor de Dis y nada más.
Hay seres que debieran ser eternos
como la luz, el cielo, el aire, el mar;
seres que en las aristas del silencio
descubren un jirón de inmensidad.
Hay seres que están fijos en el tiempo
como el verso que nadie escribirá,
y en la gota de cada pensamiento
vierten su vocación de libertad.
Y tú eres, maestra, el Evangelio,
Un ejemplo perenne de bondad;
espejo para ver el infinito
que no tiene comienzo ni final.
Hay seres que debieran ser eternos
Como el amor de Dis y nada más.

