Viejas amistades comunes
Ayer estuve con X. Fue una revelación verla tan gorda,
tan fea, tan acabada. De aquellas carnes redondas y tersas
tal que manzanas,
entregadas con el descaro de la juventud, apenas si quedan
hoy recuerdos como fina hebra esparcida por la memoria.
Ayer estuve con X. Al principio no supimos de qué hablar,
y cuando yo, para retomar el hilo perdido hace casi veinte años,
la pellizqué, noté su carne resbalarme entre los dedos como
si de un mojado pez se tratara. “Es la faja” me dijo sonrojándose.
Y luego: “Tú también estás muy cambiado”.
Ayer estuve con X. Pronto nos percatamos de que éramos
en verdad dos desconocidos atados únicamente por
viejas amistades comunes. Entonces, con la tranquilidad
y la distancia que da hablar de otra gente comenzamos a charlar
de nosotros mismos cuando teníamos veinte años.
Ayer estuve con X. Fue una revelación verla tan gorda,
tan fea, tan acabada. De aquellas carnes redondas y tersas
tal que manzanas,
entregadas con el descaro de la juventud, apenas si quedan
hoy recuerdos como fina hebra esparcida por la memoria.
Ayer estuve con X. Al principio no supimos de qué hablar,
y cuando yo, para retomar el hilo perdido hace casi veinte años,
la pellizqué, noté su carne resbalarme entre los dedos como
si de un mojado pez se tratara. “Es la faja” me dijo sonrojándose.
Y luego: “Tú también estás muy cambiado”.
Ayer estuve con X. Pronto nos percatamos de que éramos
en verdad dos desconocidos atados únicamente por
viejas amistades comunes. Entonces, con la tranquilidad
y la distancia que da hablar de otra gente comenzamos a charlar
de nosotros mismos cuando teníamos veinte años.

