Ya viene la luz de cristo - Poemas de Lobaiza De Rivera, Lidia Esther
Ya viene la luz de cristo
Poema publicado el 11 de Marzo de 2004
I
CRUXIFICCIÓN
A Jesús lo condenaron
a morir en una cruz,
y el cielo, con sus pesares
cegó, dolido, su luz.
Con espinas por corona,
por el escarnio humillado,
el Mesías, Nazareno,
así fue crucificado.
¡Oh, clavos para las manos!.
¡oh, clavos para los pies!.
La Llaga de sus Costado
sangre y agua es a la vez.
Una lanza de soldado,
a su perfil habitó.
La sangre, como una rosa,
sus pétalos floreció.
Santas y buenas mujeres,
y María lo lloraban.
¡Sacrificio de ese hijo,
de ese hijo que adoraban!.
Tiempo de dolor y muerte
por la tarde se cumplió,
y todo el cielo de luto
con un manto se cubrió.
Era la muerte del Justo,
por lograr la salvación,
de todos los pecadores
a quienes dio su perdón.
Su alma subió a los cielos,
a reinar en el Edén,
junto a los buenos y puros,
junto a su Padre también.
Pero aquellos que lo amaron,
creyeron en sus palabras,
seguros que volvería,
a sembrar entre las abras.
Porque el Mesías Divino,
enviado por el Creador,
al fin resucitaría
como prueba de su amor.
II-
LA DOLOROSA
Madre del Cristo Bendito
y Madre del mundo entero,
tu corazón se hizo trizas,
tu corazón que venero.
Tu rostro de buena Madre,
la que el Angel anunció
con el injusto castigo
mil años envejeció.
Y tu alma de paloma,
que lleva el sello de Dios,
con la muerte del más Justo
frente al dolor sucumbió.
¡Ay, monte del espinillo!
(¿o monte del olivar?),
cualquier árbol o madero,
¡cuánto la hiciste llorar!.
Sagrada Madre del Cristo,
¿ qué cosa puedo pedirte,
si hasta el Hijo del Altísimo
por mi salvación perdiste?.
A tu sombra protectora,
a tu perfume de rosa,
encomiéndote mi espíritu
cuando descanse en la fosa.
Madre de todas las Madres,
y de la mía en la tierra,
cuídame también a ella,
guardándola en una estrella.
Madre de la Nochebuena,
del Niñito de Belén,
madre de la noche triste,
cuida a mi niña también.
Cuida de todos los pobres,
del humilde y el anciano,
que aprendamos en tu amor,
a tendernos una mano.
Y no llores, dulce Madre,
rostro de bello jazmín,
sobre las alas del viento
te sonríe un querubín.
Viene a anunciarte dulzura
que el Cristo resucitó,
para gloria de tu gloria
¡ y para gloria de Dios!.
III
LA RESURRECCIÓN
Cómo pesa tu madero
sobre mi alma, Señor,
pues reconozco el pecado
que hasta la cruz te llevó.
Pero los ángeles bellos,
desde el cielo, con unción,
proclaman la nueva buena
de tu Santa Bendición.
El coro de serafines
cantan el triunfo divino,
¡Cristo está junto a nosotros,
cumpliéndose su destino!.
Canten coros celestiales,
¡canten loas al Señor!,
porque su Hijo anunciado
brindó pruebas de su amor.
Florezcan los camalotes,
los frágiles michiquíes,
que dancen sobre los cielos
bandadas de siriríes.
Refuljan blancas escamas,
salten de gozo los peces,
verdes las islas eleven
a Jesús, sentidos preces.
¡Aleluya!, pinte el ceibo,
rojo como el frutillar,
¡Aleluya!, agite el sauce,
repita el espinillar.
¡Aleluya!, diga el viento,
llevando la buena nueva,
¡resucitó el Hijo Santo,
el que nació en Nochebuena!.
¡Ya viene la Luz de Cristo!,
¡brilla como en Navidad!,
viene trayendo a las almas
el soplo de la verdad.
Suenen todas las campanas,
canten loas al Señor,
¡Jesús ha resucitado
en la gloria del amor!.
¡Felices Pascuas, hermanos!.
¡Aleluya al Salvador!.
¡Iluminemos las almas
con la luz del Redentor!. Lidia Esther Lobaiza de Rivera- Coronda-Santa Fe
Poema publicado el 11 de Marzo de 2004
I
CRUXIFICCIÓN
A Jesús lo condenaron
a morir en una cruz,
y el cielo, con sus pesares
cegó, dolido, su luz.
Con espinas por corona,
por el escarnio humillado,
el Mesías, Nazareno,
así fue crucificado.
¡Oh, clavos para las manos!.
¡oh, clavos para los pies!.
La Llaga de sus Costado
sangre y agua es a la vez.
Una lanza de soldado,
a su perfil habitó.
La sangre, como una rosa,
sus pétalos floreció.
Santas y buenas mujeres,
y María lo lloraban.
¡Sacrificio de ese hijo,
de ese hijo que adoraban!.
Tiempo de dolor y muerte
por la tarde se cumplió,
y todo el cielo de luto
con un manto se cubrió.
Era la muerte del Justo,
por lograr la salvación,
de todos los pecadores
a quienes dio su perdón.
Su alma subió a los cielos,
a reinar en el Edén,
junto a los buenos y puros,
junto a su Padre también.
Pero aquellos que lo amaron,
creyeron en sus palabras,
seguros que volvería,
a sembrar entre las abras.
Porque el Mesías Divino,
enviado por el Creador,
al fin resucitaría
como prueba de su amor.
II-
LA DOLOROSA
Madre del Cristo Bendito
y Madre del mundo entero,
tu corazón se hizo trizas,
tu corazón que venero.
Tu rostro de buena Madre,
la que el Angel anunció
con el injusto castigo
mil años envejeció.
Y tu alma de paloma,
que lleva el sello de Dios,
con la muerte del más Justo
frente al dolor sucumbió.
¡Ay, monte del espinillo!
(¿o monte del olivar?),
cualquier árbol o madero,
¡cuánto la hiciste llorar!.
Sagrada Madre del Cristo,
¿ qué cosa puedo pedirte,
si hasta el Hijo del Altísimo
por mi salvación perdiste?.
A tu sombra protectora,
a tu perfume de rosa,
encomiéndote mi espíritu
cuando descanse en la fosa.
Madre de todas las Madres,
y de la mía en la tierra,
cuídame también a ella,
guardándola en una estrella.
Madre de la Nochebuena,
del Niñito de Belén,
madre de la noche triste,
cuida a mi niña también.
Cuida de todos los pobres,
del humilde y el anciano,
que aprendamos en tu amor,
a tendernos una mano.
Y no llores, dulce Madre,
rostro de bello jazmín,
sobre las alas del viento
te sonríe un querubín.
Viene a anunciarte dulzura
que el Cristo resucitó,
para gloria de tu gloria
¡ y para gloria de Dios!.
III
LA RESURRECCIÓN
Cómo pesa tu madero
sobre mi alma, Señor,
pues reconozco el pecado
que hasta la cruz te llevó.
Pero los ángeles bellos,
desde el cielo, con unción,
proclaman la nueva buena
de tu Santa Bendición.
El coro de serafines
cantan el triunfo divino,
¡Cristo está junto a nosotros,
cumpliéndose su destino!.
Canten coros celestiales,
¡canten loas al Señor!,
porque su Hijo anunciado
brindó pruebas de su amor.
Florezcan los camalotes,
los frágiles michiquíes,
que dancen sobre los cielos
bandadas de siriríes.
Refuljan blancas escamas,
salten de gozo los peces,
verdes las islas eleven
a Jesús, sentidos preces.
¡Aleluya!, pinte el ceibo,
rojo como el frutillar,
¡Aleluya!, agite el sauce,
repita el espinillar.
¡Aleluya!, diga el viento,
llevando la buena nueva,
¡resucitó el Hijo Santo,
el que nació en Nochebuena!.
¡Ya viene la Luz de Cristo!,
¡brilla como en Navidad!,
viene trayendo a las almas
el soplo de la verdad.
Suenen todas las campanas,
canten loas al Señor,
¡Jesús ha resucitado
en la gloria del amor!.
¡Felices Pascuas, hermanos!.
¡Aleluya al Salvador!.
¡Iluminemos las almas
con la luz del Redentor!. Lidia Esther Lobaiza de Rivera- Coronda-Santa Fe
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