Abril
Abril, en tu mecedora de aire junto a la puerta
de la vieja casa en primera línea,
al anochecer de las fábulas y los recortables,
amparada por el frescor que te recorre
medias arriba.
Abril, cercana a la estación de los frutales
que parece ir despojándose de todo garabato
mientras una aguja de tinta enhebras en la nieve
blanda
con tu carrete de hilo
y dulcificas –a esta sazón de cerezas–
otro verso de cruz en el mantel de mi escritura.
Y por eso este hombre de mirar antiguo,
de ritmos en la recámara de la piel
anda decapitando elegías
a conciencia de que sus cabecitas
como niños huérfanos
rodarán
por las escalinatas
del resbaladero
en riguroso desorden.
Abril, en tu mecedora de aire junto a la puerta
de la vieja casa en primera línea,
al anochecer de las fábulas y los recortables,
amparada por el frescor que te recorre
medias arriba.
Abril, cercana a la estación de los frutales
que parece ir despojándose de todo garabato
mientras una aguja de tinta enhebras en la nieve
blanda
con tu carrete de hilo
y dulcificas –a esta sazón de cerezas–
otro verso de cruz en el mantel de mi escritura.
Y por eso este hombre de mirar antiguo,
de ritmos en la recámara de la piel
anda decapitando elegías
a conciencia de que sus cabecitas
como niños huérfanos
rodarán
por las escalinatas
del resbaladero
en riguroso desorden.

