Poema xiii del libro ...entre el marfil y el agua - Poemas de Alina Galliano
Poema xiii del libro ...entre el marfil y el agua
Poema publicado el 15 de Julio de 2006
XIII
XIII
Desnudo el sentimiento,
pies descalzos, avanza,
enardeciendo el aire,
devolviendo al pulmón el singular poder
donde la vida respira y codifica arquetipos de mapas
estableciendo:
itinerarios, péndulos,
regocijo de brújulas que permitan a la marea de la retina
descubrir territorios a sus manos,
su cuello,
a esas distancias en marcha donde sus pantorrillas
retozan con los zorros,
detrás de los arbustos,
día en el pleno centro al júbilo de gestos,
geometría de carne con la cual se podría
tocar el punto exacto donde comienza un beso
o sentir entre dientes,
el frontal torbellino a sus pezones,
en franca invitación:
incansable belleza,
fina brea calafeteando los veleros al mar de la cabeza,
dando licencia al viaje,
nombrándole a las tierras del corazón sus pájaros,
el paradigma de sus migraciones cuando conversan órbitas,
bebiéndole a los pétalos de la orquídea o la rosa su crónica de instinto.
Cronometrar el eje donde su piel consiente
igualar a las noches y los días sus épocas,
es convocar a tránsito de rigor o esperanza la cruz solar del plexo,
es desdoblar o atravesar la vida a un siempre aventurarse
mas allá de esas cosas que han sido establecidas,
para tocar lo que hasta ayer fue nunca,
asombro que hecho dígito,
acaricia los planos del rostro a lo imprevisto,
conversaciones explicando la riqueza al detalle
que inesperado surge entre raíz de pelo y nuca
cuando a la furia del amor se rinde:
pestañas a clausura aprisionando todas sus miradas
para poder sentir el aliento del rapto extenderse,
cruzando la apertura de los labios
hasta explorar en plenitud de conclave la encía:
otro fuego a liturgia,
detonando la persistencia de su curva
a fábula y laringe.
Alina Galliano@
Poema publicado el 15 de Julio de 2006
XIII
XIII
Desnudo el sentimiento,
pies descalzos, avanza,
enardeciendo el aire,
devolviendo al pulmón el singular poder
donde la vida respira y codifica arquetipos de mapas
estableciendo:
itinerarios, péndulos,
regocijo de brújulas que permitan a la marea de la retina
descubrir territorios a sus manos,
su cuello,
a esas distancias en marcha donde sus pantorrillas
retozan con los zorros,
detrás de los arbustos,
día en el pleno centro al júbilo de gestos,
geometría de carne con la cual se podría
tocar el punto exacto donde comienza un beso
o sentir entre dientes,
el frontal torbellino a sus pezones,
en franca invitación:
incansable belleza,
fina brea calafeteando los veleros al mar de la cabeza,
dando licencia al viaje,
nombrándole a las tierras del corazón sus pájaros,
el paradigma de sus migraciones cuando conversan órbitas,
bebiéndole a los pétalos de la orquídea o la rosa su crónica de instinto.
Cronometrar el eje donde su piel consiente
igualar a las noches y los días sus épocas,
es convocar a tránsito de rigor o esperanza la cruz solar del plexo,
es desdoblar o atravesar la vida a un siempre aventurarse
mas allá de esas cosas que han sido establecidas,
para tocar lo que hasta ayer fue nunca,
asombro que hecho dígito,
acaricia los planos del rostro a lo imprevisto,
conversaciones explicando la riqueza al detalle
que inesperado surge entre raíz de pelo y nuca
cuando a la furia del amor se rinde:
pestañas a clausura aprisionando todas sus miradas
para poder sentir el aliento del rapto extenderse,
cruzando la apertura de los labios
hasta explorar en plenitud de conclave la encía:
otro fuego a liturgia,
detonando la persistencia de su curva
a fábula y laringe.
Alina Galliano@
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