No enfriaré la voz ni aplacaré la ira...
No enfriaré la voz ni aplacaré la ira,
aunque el rosado rostro, satisfecho
de triunfos y poder, esboce un delicado
gesto, mínimo y vago, de enfado o de disgusto.
No cerraré las puertas al torrente que fluye,
clamoroso y airado, por mis venas. No importa
que me vetes la entrada en tu exclusivo
y gélido cenáculo.
Yo vivo al aire libre.
No enfriaré la voz ni aplacaré la ira,
aunque el rosado rostro, satisfecho
de triunfos y poder, esboce un delicado
gesto, mínimo y vago, de enfado o de disgusto.
No cerraré las puertas al torrente que fluye,
clamoroso y airado, por mis venas. No importa
que me vetes la entrada en tu exclusivo
y gélido cenáculo.
Yo vivo al aire libre.

