Acacias
Sentados en la Piedra rosa los niños se estremecen por haber
sobrevivido tanto, se santiguan aún y frotan sus manos ante
tamaña alegría. No es mucho ya lo que recuerdan y sin
embargo las batallas encienden sus ojos de desvelo, son niños
mayores con el tiempo justo para morir sin atreverse, o
muchachos que desnudan su codicia sin apenas ternura. En
mayo pajarayo. Pasan nubes sobre ellos y llueve también como
jarreaba aquella tarde, una lluvia atroz como la misma
blasfemia. Acuérdate de Adora. Su cuerpo no cabía en sí de
devastación y de fracaso, por eso se ahorcaba de aquel roble
antiquísimo.
Sentados en la Piedra rosa los niños se estremecen por haber
sobrevivido tanto, se santiguan aún y frotan sus manos ante
tamaña alegría. No es mucho ya lo que recuerdan y sin
embargo las batallas encienden sus ojos de desvelo, son niños
mayores con el tiempo justo para morir sin atreverse, o
muchachos que desnudan su codicia sin apenas ternura. En
mayo pajarayo. Pasan nubes sobre ellos y llueve también como
jarreaba aquella tarde, una lluvia atroz como la misma
blasfemia. Acuérdate de Adora. Su cuerpo no cabía en sí de
devastación y de fracaso, por eso se ahorcaba de aquel roble
antiquísimo.

