Plegaria
Concédeme, no la muerte,
sino el sacro asombro
de quien ve puertas extrañas abrirse
y todo es corriente azul.
¿No he de pasar nunca
bajo tu dintel?
Así, me franquearás
el patio de jóvenes arrayanes
que mantienes ocultos
bajo papeles, bajo raros años,
donde yo era monaguillo de tu risa,
ciervo anclado en las estrellas,
galeote atado al mástil de Dios,
con la mirada implacablemente puesta en el sol.
Concédeme, no la muerte,
sino el sacro asombro
de quien ve puertas extrañas abrirse
y todo es corriente azul.
¿No he de pasar nunca
bajo tu dintel?
Así, me franquearás
el patio de jóvenes arrayanes
que mantienes ocultos
bajo papeles, bajo raros años,
donde yo era monaguillo de tu risa,
ciervo anclado en las estrellas,
galeote atado al mástil de Dios,
con la mirada implacablemente puesta en el sol.

