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Vestimentas - Poemas de FLORIANO MARTINS


 
 
Vestimentas
Poema publicado el 04 de Agosto de 2007

               

Paños desnudos.
Ninguna imagen sangrando en la piel
de tejidos listos para la caricia.
Recito esa desnudez con un par de alas.
Un demonio agachado
pegando sus labios a los míos.
De donde tú me ves, yo sería un arroyo de huesos,
calcinado deleite de tus almas:
unas pocas, las que no supieron
preservar el horror que las anticipa
y comprende.
Rostros engordados en ceremonias...
¿Y cómo te ubicas, demonio,
mordiéndome los senos, cómo te ubicas?
Un mirar para escoger huesos.
Carbones astutos y conocedores de la fábula.
Mira bien lo que traigo conmigo:
este cuerpo menguado en débiles lunas.
¿Preparas una piel para mi?
Dame tus cuchillos, espolones, cuernos,
la punta imperfecta de tu falo.
Ves cómo me hago en mil muslos,
viscosos como cebos, y todos deletrean
la caída que anuncias.
Los paños
sobre el vacío, desnudos.
Equilibrio derrumbado hacia el suelo,
rostros deshechos de víctimas que ya no alcanzan el ofertorio, el pie de un dios
      hallado en excavaciones por donde me consagras,
puto demonio,
por donde
me despedazas deseosa de tu salud.
Mi cuerpo en astillas, santuario decrépito
de tu perversión,
cascos arañándome el tejido de la memoria, sí,
un mínimo dolor recorre procedencias insospechadas,
y sabes cuánto me dolía tu abundancia,
el pote que indicas y, ansiosa, me lanzo a buscar allí la respuesta para el afligido
      cultivo
de dolores
por todo mi cuerpo.
Cargo conmigo todas las formas
con que me atacas.
¿Qué máscaras perpetuamos: las mías, las tuyas?
Mis labios te queman la piel.
Aceites encendidos mientras nos deshacemos.
Paños como papiros, inscripciones invisibles que enseñan a mantener caliente la
      cabeza de un dios muerto.
Desnudos.
Con la medida del infierno en cada pliegue
del tejido de que estamos hechos.






Traducción al español de Jorge Ariel Madrazo






                                                      VESTES


Os panos nus.
Nenhuma imagem sangrando na pele
de tecidos prontos para o afago.
Recito essa nudez com um par de asas.
Um demônio agachado,
colando os lábios nos meus.
De onde me vês serei um córrego de ossos,
calcinado deleite de tuas almas,
umas poucas, as que não souberam
preservar o horror que as antecipa
e compreende.
Rostos engordurados em cerimônias…
E como te postas, demônio,
mordendo-me os seios, como te postas?
Um olhar a escolher ossos.
Carvões astutos e conhecedores da fábula.
Vê bem o que trago comigo,
este corpo minguado em débeis luas.
Preparas uma pele para mim?
Dá-me tuas facas, esporões, chifres,
a ponta imperfeita de teu falo.
Vês como me faço em mil coxas,
viscosas como iscas, e todas soletram
a queda que anuncias.
Os panos
sobre o vazio, nus.
Equilíbrio voltado para o chão,
rostos desfeitos de vítimas que não alcançam mais ofertório, o pé de um deus
      encontrado em escavações, por onde me sagras,
puto demônio,
por onde
me despedaças desejosa de tua saúde.
Meu corpo em lascas, santuário decrépito
de tua perversão,
cascos me arranhando o tecido da memória, sim,
uma mínima dor palmilha insuspeitas procedências,
e sabes o quanto me dói tua abundância,
o pote que indicas e ansiosa ponho-me a buscar ali a resposta para o aflito
       cultivo
de dores
por todo meu corpo.
Carrego comigo todas as formas
com que me atacas.
Quais máscaras perpetuamos, as minhas, as tuas?
Meus lábios te queimam a pele.
Óleos acesos enquanto nos desfazemos.
Os panos como papiros, inscrições invisíveis que ensinam a manter quente
      cabeça de um deus morto.
Nus.
Com a medida do inferno de cada dobra
do tecido de que somos feitos.

       

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