El ocasional viaje de mi alma
Llueve sobre la iglesia de San Fabián de Alico,
la humedad deja su oficio en un Cristo desnudo.
Alguien anda tras de mí los Domingos de Ramos
con el simulacro de una conquista espiritual,
descifrar los inmortales símbolos de la vida,
el ocasional viaje del alma hacia el espacio más oscuro.
El muro de los lamentos lo disputan moros y cristianos,
cancelan favores recibidos,
renegocian en cómodas cuotas
antiguos arrepentimientos.
No hubo señal de salvación alguna,
ni milagros a domicilio,
en esa subasta de dudosas intenciones.
Alcancé a decirte —que la suerte nos acompañe ---
la misma que nos reúne un año más viejos,
atrapados y perdidos en los mismos ritos.
Llueve sobre la iglesia de San Fabián de Alico,
la humedad deja su oficio en un Cristo desnudo.
Alguien anda tras de mí los Domingos de Ramos
con el simulacro de una conquista espiritual,
descifrar los inmortales símbolos de la vida,
el ocasional viaje del alma hacia el espacio más oscuro.
El muro de los lamentos lo disputan moros y cristianos,
cancelan favores recibidos,
renegocian en cómodas cuotas
antiguos arrepentimientos.
No hubo señal de salvación alguna,
ni milagros a domicilio,
en esa subasta de dudosas intenciones.
Alcancé a decirte —que la suerte nos acompañe ---
la misma que nos reúne un año más viejos,
atrapados y perdidos en los mismos ritos.

