Poemas de la ausencia iii
No dibujo en ti montañas ni caudales
ni pretendo hacerte, mar con mis anclajes.
Apareciste
como simple piedra, apenas eras
polvo de sendero, atajo que nunca
constataron otros mapas, y de repente
te clavé como mojón en mis confines.
Linde
fuiste de aquella tierra yerma, rastrojo
guardando su barbecho para estos momentos
en que aro tu cuerpo y en que esparzo
una esperanza cierta de cosecha.
Cosecha
del trigo que encuentro entre tus besos,
de la siega tempranera en tus abrazos,
de todo lo que en ti es surco abierto
a tantas promesas de otras siembras.
No dibujo en ti montañas ni caudales
ni pretendo hacerte, mar con mis anclajes.
Apareciste
como simple piedra, apenas eras
polvo de sendero, atajo que nunca
constataron otros mapas, y de repente
te clavé como mojón en mis confines.
Linde
fuiste de aquella tierra yerma, rastrojo
guardando su barbecho para estos momentos
en que aro tu cuerpo y en que esparzo
una esperanza cierta de cosecha.
Cosecha
del trigo que encuentro entre tus besos,
de la siega tempranera en tus abrazos,
de todo lo que en ti es surco abierto
a tantas promesas de otras siembras.

