Mañana cuando el asombro se haya disipado
Mañana,
cuando el asombro
se haya disipado
como suelen hacerlo
las tempestades
que se alejan del Caribe
o el aliento último
de un dios quemado
en las hogueras de la inquisición,
cuando regresen los pelícanos
del viento del invierno,
los candelabros del olvido
caerán sobre nosotros.
Mañana,
cuando el asombro
se haya disipado
como suelen hacerlo
las tempestades
que se alejan del Caribe
o el aliento último
de un dios quemado
en las hogueras de la inquisición,
cuando regresen los pelícanos
del viento del invierno,
los candelabros del olvido
caerán sobre nosotros.

