Llegado será el instante
Llegado será el instante
en que sólo quede
emprender nuevas huidas
que disuelvan,
con el faro enceguecedor
de la memoria,
la pared del laberinto
y sus cenizas;
cuando las corrientes acunen
una vez más
sobre un espejo consumido
por las llamas
los vientos que gobiernan
las estaciones,
con las velas ya ceñidas,
las drizas ardientes y templadas
y la barca orzada
a la búsqueda de ráfagas propicias
mientras se vislumbren
tendidas sobre el horizonte
—como apacibles atolones
que duermen la siesta vespertina—,
las islas del sur
y las bienaventuranzas.
Llegado será el instante
en que sólo quede
emprender nuevas huidas
que disuelvan,
con el faro enceguecedor
de la memoria,
la pared del laberinto
y sus cenizas;
cuando las corrientes acunen
una vez más
sobre un espejo consumido
por las llamas
los vientos que gobiernan
las estaciones,
con las velas ya ceñidas,
las drizas ardientes y templadas
y la barca orzada
a la búsqueda de ráfagas propicias
mientras se vislumbren
tendidas sobre el horizonte
—como apacibles atolones
que duermen la siesta vespertina—,
las islas del sur
y las bienaventuranzas.

