Ahora que desaprendemos
Ahora que desaprendemos
las liturgias
y sólo quedan las estelas de los trenes
que son navíos transfigurados
por la alquimia,
alguien tiende las piedras
del desamparo
y los zarpazos de la fiera
—siempre fiel
a su infiel herencia
de caníbal—,
se agitan en la ventana
(señales de que el mundo
ha transmutado
su derrota),
mientras el eje del planeta
sigue inclinándose,
desafiante,
hacia nuevos holocaustos
y cruzadas impredecibles
que semejen
la reencarnación de los templarios.
Ahora que desaprendemos
las liturgias
y sólo quedan las estelas de los trenes
que son navíos transfigurados
por la alquimia,
alguien tiende las piedras
del desamparo
y los zarpazos de la fiera
—siempre fiel
a su infiel herencia
de caníbal—,
se agitan en la ventana
(señales de que el mundo
ha transmutado
su derrota),
mientras el eje del planeta
sigue inclinándose,
desafiante,
hacia nuevos holocaustos
y cruzadas impredecibles
que semejen
la reencarnación de los templarios.

