Salmo xxvii

 
 

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Salmo xxvii
               

    Bien te veo correr, tiempo ligero,
cual por mar ancho despalmada nave,
a más volar, como saeta o ave
que pasa sin dejar rastro o sendero.

    Yo, dormido, en mis daños persevero,
tinto de manchas y de culpas grave;
aunque es forzoso que me limpie y lave
llanto y dolor, aguardo el día postrero.

    Este no sé cuándo vendrá; confío
que ha de tardar, y es ya quizá llegado,
y antes será pasado que creído.

    Señor, tu soplo aliente mi albedrío
y limpie el alma, el corazón llagado
cure, y ablande el pecho endurecido.






De: Francisco de Quevedo

       

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