Pronóstico
Me voy a sentar.
Silenciosamente
alguien me acerca una silla o una cama,
igual que puede acercarme un ataúd.
El tiempo
ya no es un niño que corre
sino el terrible examinador de la vida:
ahora cruzo la calle y pienso a cuánto equivale un
[tropiezo.
Procuro no mirar hacia atrás cuando doblo una
[esquina,
y al levantarme de mi sitio
no sé si he dejado en la pared una parte de mi sombra.
¡La tristeza de observar la soledad
a través de una ventana me hace sufrir a gritos!
Voy a sentarme a contemplar el horizonte
hasta ver un puntito que viene a mí
y adquiere el rostro pálido de la Muerte.
Alguien me dice que no hay más esperanza que esa.
(Y yo le sonrío.)
Me voy a sentar.
Silenciosamente
alguien me acerca una silla o una cama,
igual que puede acercarme un ataúd.
El tiempo
ya no es un niño que corre
sino el terrible examinador de la vida:
ahora cruzo la calle y pienso a cuánto equivale un
[tropiezo.
Procuro no mirar hacia atrás cuando doblo una
[esquina,
y al levantarme de mi sitio
no sé si he dejado en la pared una parte de mi sombra.
¡La tristeza de observar la soledad
a través de una ventana me hace sufrir a gritos!
Voy a sentarme a contemplar el horizonte
hasta ver un puntito que viene a mí
y adquiere el rostro pálido de la Muerte.
Alguien me dice que no hay más esperanza que esa.
(Y yo le sonrío.)

