Cartografía de aquel poeta - Poemas de Alfredo Lavergne
Cartografía de aquel poeta
Poema publicado el 17 de Mayo de 2004
<center>
A/ Vicente Huidobro
Alguien viene por el hilo jamás enlutado.
Aquí
A los dominios de las Agujas y Cía.
A la lectura de los semáforos
A los signos desorbitados de los cuerpos
A la zona donde trafican la memoria
A la canción que mata al trovador
Al espíritu de la fiesta del lagarto
A la angustia de la esquina del ojo.
Crece hasta el más alto desengaño.
En el drama de los rastros de la materia
En los archivos de la chimenea literaria
En los fragantes desechos de la rima
En las actas de los suspiros burgueses
En la secreta globalización del 911.
Y saltó del olor de la llave a la yegua Babieca.
Arrojó su tacto al transito de los limosneros
Atacó la rebeldía vergonzante del poeta oficial
Inventó el escondite para atrapar creacionistas
Llevó una artística vaca al continente del estilo
Puso una vela a la desesperación de la piedra
Regresó con el número del teléfono
de la mandíbula del mundo
e intentó separar el horror de la semilla.
Buscó la vida y partió sin fuego.
Así fue la tensión de su sangre en este mundo
y hasta hoy lo ha logrado.
Vanos son los intentos por llegar a su mar.
</center>
Poema publicado el 17 de Mayo de 2004
<center>
A/ Vicente Huidobro
Alguien viene por el hilo jamás enlutado.
Aquí
A los dominios de las Agujas y Cía.
A la lectura de los semáforos
A los signos desorbitados de los cuerpos
A la zona donde trafican la memoria
A la canción que mata al trovador
Al espíritu de la fiesta del lagarto
A la angustia de la esquina del ojo.
Crece hasta el más alto desengaño.
En el drama de los rastros de la materia
En los archivos de la chimenea literaria
En los fragantes desechos de la rima
En las actas de los suspiros burgueses
En la secreta globalización del 911.
Y saltó del olor de la llave a la yegua Babieca.
Arrojó su tacto al transito de los limosneros
Atacó la rebeldía vergonzante del poeta oficial
Inventó el escondite para atrapar creacionistas
Llevó una artística vaca al continente del estilo
Puso una vela a la desesperación de la piedra
Regresó con el número del teléfono
de la mandíbula del mundo
e intentó separar el horror de la semilla.
Buscó la vida y partió sin fuego.
Así fue la tensión de su sangre en este mundo
y hasta hoy lo ha logrado.
Vanos son los intentos por llegar a su mar.
</center>
¿Te gusta este poema? Compártelo:
«« más poemas de Alfredo Lavergne

