50 (glosas al cancionero)
Barajan sus naipes rojos
los arreboles dispersos.
Pago un siglo de mis versos
a un segundo de tus ojos.
Soñando en estos rastrojos
el que pierde se desquita.
Hondos de sed infinita
se fueron —entre palmares—
tus ojos y mis cantares
a caballo, Margarita.
Barajan sus naipes rojos
los arreboles dispersos.
Pago un siglo de mis versos
a un segundo de tus ojos.
Soñando en estos rastrojos
el que pierde se desquita.
Hondos de sed infinita
se fueron —entre palmares—
tus ojos y mis cantares
a caballo, Margarita.

