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Mayrita, maite y ronald - Poemas de Ronald Tadeo Ramirez Elizalde


 
 
Mayrita, maite y ronald
Poema publicado el 20 de Octubre de 2026

Mis razones para vivir, luchar y soñar

Mayrita, Maite y Ronald:

Ustedes son la razón más poderosa que tengo para vivir,
la fuerza que me impulsa a seguir adelante,
las alas que me ayudan a soñar,
el aliento que me sostiene en los días difíciles
y la esperanza que me invita a levantarme
cuando las fuerzas parecen abandonarme.

Por ustedes deseo vivir, gozar, luchar y mejorar;
por ustedes quiero ser un hombre más fuerte,
más sabio, más noble y más humano.
Y aunque la vida me presente mil tormentas,
aunque el cansancio se apodere de mis pasos
y las adversidades intenten doblegar mi voluntad,
jamás quisiera desfallecer,
porque en ustedes encuentro
una de las razones más hermosas para continuar.

Ustedes son mi motivo de dicha y también de preocupación;
son esa mezcla de paz e incertidumbre,
de alegrías inmensas y temores silenciosos
que solamente puede comprender
quien ama con la profundidad del alma.

Por ustedes quiero cumplir el propósito de mi vida,
entregar lo mejor de mí
y dejar en sus corazones una huella imborrable:
no la de un hombre perfecto,
sino la de alguien que, con sus virtudes y defectos,
hizo todo cuanto estuvo a su alcance
para verlas felices y acompañarlos en su camino.

Porque ustedes, para mí, no tienen precio;
tienen un valor que no puede medirse con dinero,
ni comprarse con riquezas,
ni compararse con los tesoros de este mundo.
Son regalos que la vida puso en mi camino,
bendiciones que el tiempo no puede reemplazar
y afectos que guardo en el lugar más sagrado de mi corazón.

Tenerlos en mi vida y compartir mis días con ustedes
ha sido una de las experiencias más enriquecedoras
que el destino pudo concederme.
Amarlos es descubrir una forma distinta de existir;
es aprender que la felicidad no siempre se encuentra
en las grandes conquistas,
sino en los pequeños instantes
que, sin hacer ruido, se convierten en eternos.

Amarlos es soñar en grande,
es construir esperanzas donde antes hubo dudas,
es forjar nuevas ilusiones
y encontrar motivos para sonreír
incluso cuando el alma lleva consigo alguna tristeza.

Es reír hasta olvidar las preocupaciones,
sufrir cuando algo les duele,
sentir sus alegrías como propias
y desear que la vida les conceda
muchas más bendiciones de las que yo pudiera pedir.

Ustedes me han enseñado a volver a jugar,
a contemplar el mundo con ojos nuevos,
a descubrir la magia escondida en las cosas sencillas,
a mirar con asombro lo que antes parecía cotidiano
y a encontrar belleza en aquello
que alguna vez di por sentado.

Me han enseñado a volver a sentir,
a probar, a descubrir y a saborear la vida;
a comprender que la existencia no consiste solamente
en trabajar, luchar, cumplir obligaciones y sobrevivir,
sino también en detenerse un instante,
respirar profundamente
y agradecer el milagro de estar juntos.

Porque a veces, entre las prisas y las responsabilidades,
uno olvida que la verdadera riqueza
no siempre está en lo que consigue,
sino en las personas con quienes comparte
aquello que la vida le permite alcanzar.

Y si algún día mis fuerzas se debilitan,
si los años dejan sus huellas en mi rostro
y mis pasos ya no tienen la firmeza de hoy,
quisiera que recordaran algo:
que cada esfuerzo que hice,
cada sacrificio que soporté
y cada sueño que me atreví a perseguir
llevaron, de una manera u otra,
un pedacito del amor que siento por ustedes.

No sé cuánto tiempo me concederá la vida,
ni cuántos amaneceres me permitirá contemplar a su lado;
pero sí sé que, mientras tenga aliento,
procuraré darles lo mejor de mí,
porque el amor verdadero no se demuestra solamente
con palabras hermosas,
sino con presencia, entrega, paciencia
y la voluntad de permanecer
cuando más se necesita una mano amiga.

Mayrita, Maite y Ronald:
ustedes no son simplemente parte de mi vida;
son parte de lo que soy,
de lo que sueño,
de lo que me esfuerzo por llegar a ser
y de aquello que le da sentido a mi existencia.

Si la vida me preguntara qué tesoro quisiera conservar,
no pediría riquezas ni honores,
ni una existencia libre de dificultades;
pediría, sencillamente,
que nunca nos faltaran el amor,
la salud, la esperanza
y esa hermosa oportunidad de compartir
un día más bajo el mismo cielo.

Porque al final del camino,
cuando el tiempo haya contado nuestras historias
y los años hayan guardado sus recuerdos,
quisiera mirar atrás con el corazón tranquilo
y saber que amé con sinceridad,
que luché con valentía
y que, a pesar de mis errores,
nunca dejé de intentar ser mejor por ustedes.

Ustedes son mi alegría, mi aprendizaje,
mi esperanza y mi más dulce responsabilidad.
Son parte de mi presente,
la inspiración de mis esfuerzos
y uno de los motivos más hermosos
por los que agradezco estar vivo.

Y si tuviera que comenzar mi historia otra vez,
con sus dificultades, sus sacrificios y sus desvelos,
siempre pediría una nueva oportunidad
para volver a encontrarlos en mi camino,
porque hay amores que no se eligen al azar,
sino que se convierten en parte del alma.

Y el amor que siento por ustedes
es uno de esos amores
que no necesitan ser perfectos para ser eternos
en la memoria y en el corazón.

Con todo mi amor,
para Mayrita, Maite y Ronald.

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