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Inquilino de tus recuerdos - Poemas de Dario Moral


 
 
Inquilino de tus recuerdos
Poema publicado el 29 de Septiembre de 2026

Soy inquilino discreto
en lo más íntimo de tus adentros,
sin número en el buzón,
sin nombre en la puerta,
ni el eco de mis huellas en el corredor.
Quizá sanar fue suficiente razón
para que mi estancia en tu vida,
entre tu gente y entre tus días,
sencillamente pasara inadvertida.
Si alguna vez regresara a tu memoria,
déjame ocupar un rincón mínimo
en el desván de tus recuerdos.
Allí donde aún suena nuestra trova.
El tinto respira en su copa,
y el humo se enreda en la nada
dibujando promesas no renovadas.
Por un instante permíteme coincidir:
en aquella banca frente al quiosco donde nos leímos poesía,
en los regresos a casa por las empedradas calles del centro,
en los campos de flores moradas y amarillas
que atravesamos entre besos y caricias,
o en la Alameda, tomados de la mano,
con un helado que se derretía entre risas.
Firmar ese pequeñísimo instante,
en la habitación que aquella vez preparaste,
la que llenaste de luces y pétalos
para entregarnos sin dolor,
sin cautelas ni cerrojos,
cuando el amor tenía sentido
y creímos amarnos sin límites,
hasta el fin del mundo,
hasta el fin de nuestra historia.
Con albedrío.
Solo quiero ser ese momento:
un pacto tácito de amor en renta,
temporal, sin cláusulas ni avales,
donde dejé mi depósito de ternura,
mi garantía de fidelidad,
mi pago en lealtad,
cada vez que te pienso.
Me basta imaginar que —alguna vez—
te quedaste un regusto consciente
de lo que fue y ya no será,
porque —como dijo Sabina—
«Al lugar donde has sido feliz,
no debieras tratar de volver».
Quisiera quedarme
con el nacer de las nuevas sonrisas
que tal vez provocó mi regreso,
esa mueca de nostalgia
que no podrás explicar.
Sentirás —quizá— haber sido amada,
y en lo que dura el pestañear,
recordarás cuándo, quién y por qué,
con la certeza de un amor distinto,
menos funcional, pero verdadero.
Único, auténtico.
Y luego, como se olvida un día común,
un rostro cualquiera, un horóscopo,
un anuncio en el diario
o un chisme de sobremesa:
todo se borrará.
Y en contrato,
seguiremos —tú y yo— felices.
Reconstruidos, renovados,
en lugares distintos,
con gente distinta,
en diferentes versiones.
Porque al final el amor no fue pérdida,
ni deuda, sino saldo a favor,
y aunque éste venció,
quedó pagado con creces
el majestuoso milagro de haber coincidido

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