Infiel - Poemas de Dario Moral
Infiel
Poema publicado el 13 de Agosto de 2026
Tanto te pesó cargar la fidelidad,
que más de una vez decidiste soltarla en tu andar.
Tu exclusividad fue de dominio popular.
Voluntariamente, encadené mi cuerpo,
vendé mis ojos para no mirar,
cubriendo mis oídos con cera,
resistiéndome a escuchar.
Sellé mis labios, para no gritar,
permanentemente atormentado
por el sobrepensar.
Habituado a sentirme ignorado,
acostumbrado a la súplica del contacto,
a la rutina del constante rechazo,
a saberme insuficiente, indigno,
permanecí.
Convencido de darlo todo, de ceder,
para merecer lo que ya no existía,
derroché cada gota de dignidad
por migajas de intimidad.
Nadie sabrá cuánto me costó la verdad,
cuánta ira, lágrimas y plegarias por cambiar la realidad.
Fueron tantas mis justificaciones,
que no había lugar a cuestionarte, ni a cuestionarme.
Tarde comprendí que no interferí en tu elección,
en tu búsqueda de otros hombres de ocasión.
Fue tu criterio, una decisión unívoca,
que terminó llenando el saco de mi decepción.
Víctima de idealizarte,
destruí las cadenas,
arranqué los vendajes,
abrí mis ojos y cerré el corazón.
Por primera vez,
me permití observarte,
observarme.
Eliminé la imagen perfecta de ti,
la familia modelo, el nosotros.
Comencé a destruir cada recuerdo,
a derrumbar lo edificado,
a eliminar todo de ti en mi pasado.
Coloqué el punto final a nuestra historia.
No sé de dónde tomé valor,
pero te presenté la evidencia,
en tus manos, frente a tus ojos.
Te burlaste de la indubitable razón.
Viéndote descubierta,
te atreviste a negar la existencia de lo evidente.
Tergiversaste los hechos a tu conveniencia,
te publicaste como mártir,
vendiste una falacia completa,
como si fueras tú la engañada,
la abandonada,
la que no rompió la promesa sagrada.
No te bastaron las calumnias,
decidiste acabarme por completo,
dar el tiro de gracia, a bocajarro;
sin misericordia, sin clemencia,
jalaste del gatillo a conciencia.
En el suelo, abatido,
me arrebataste absolutamente todo,
incluyendo a mi hija, mi legado,
por el que hoy aún lucho,
por el que hoy aún vivo.
Tardé en sanar, en perdonarme,
aún no logro extirpar toda la infección,
aún no logro reparar el corazón.
Sigo en reconstrucción.
Poema publicado el 13 de Agosto de 2026
Tanto te pesó cargar la fidelidad,
que más de una vez decidiste soltarla en tu andar.
Tu exclusividad fue de dominio popular.
Voluntariamente, encadené mi cuerpo,
vendé mis ojos para no mirar,
cubriendo mis oídos con cera,
resistiéndome a escuchar.
Sellé mis labios, para no gritar,
permanentemente atormentado
por el sobrepensar.
Habituado a sentirme ignorado,
acostumbrado a la súplica del contacto,
a la rutina del constante rechazo,
a saberme insuficiente, indigno,
permanecí.
Convencido de darlo todo, de ceder,
para merecer lo que ya no existía,
derroché cada gota de dignidad
por migajas de intimidad.
Nadie sabrá cuánto me costó la verdad,
cuánta ira, lágrimas y plegarias por cambiar la realidad.
Fueron tantas mis justificaciones,
que no había lugar a cuestionarte, ni a cuestionarme.
Tarde comprendí que no interferí en tu elección,
en tu búsqueda de otros hombres de ocasión.
Fue tu criterio, una decisión unívoca,
que terminó llenando el saco de mi decepción.
Víctima de idealizarte,
destruí las cadenas,
arranqué los vendajes,
abrí mis ojos y cerré el corazón.
Por primera vez,
me permití observarte,
observarme.
Eliminé la imagen perfecta de ti,
la familia modelo, el nosotros.
Comencé a destruir cada recuerdo,
a derrumbar lo edificado,
a eliminar todo de ti en mi pasado.
Coloqué el punto final a nuestra historia.
No sé de dónde tomé valor,
pero te presenté la evidencia,
en tus manos, frente a tus ojos.
Te burlaste de la indubitable razón.
Viéndote descubierta,
te atreviste a negar la existencia de lo evidente.
Tergiversaste los hechos a tu conveniencia,
te publicaste como mártir,
vendiste una falacia completa,
como si fueras tú la engañada,
la abandonada,
la que no rompió la promesa sagrada.
No te bastaron las calumnias,
decidiste acabarme por completo,
dar el tiro de gracia, a bocajarro;
sin misericordia, sin clemencia,
jalaste del gatillo a conciencia.
En el suelo, abatido,
me arrebataste absolutamente todo,
incluyendo a mi hija, mi legado,
por el que hoy aún lucho,
por el que hoy aún vivo.
Tardé en sanar, en perdonarme,
aún no logro extirpar toda la infección,
aún no logro reparar el corazón.
Sigo en reconstrucción.
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