Breviario
Se compadecía tanto porque aún era pronto para tergiversar la
vida, para darle más envidia con sus grandes ojos, para llorar
por él como ninguno. Ven y nos morimos, le suplicaba al
anochecer. Ven y que la noche nos coja desprevenidos y
confusos, queriéndonos y todo. Tendrían que ser ellos quienes
hablasen, como hacen los huérfanos, de lealtad y de afecto.
Ella, que se entregaba al azar como muñeca ausente, mordía las
uñas y su gozo fue casi casi sobrecogedor. De él, ya se supo
bastante. Pájaros y ascuas y la carne que acaba sin misericordia
con nosotros. En Prinderos y sólo una vez.
Se compadecía tanto porque aún era pronto para tergiversar la
vida, para darle más envidia con sus grandes ojos, para llorar
por él como ninguno. Ven y nos morimos, le suplicaba al
anochecer. Ven y que la noche nos coja desprevenidos y
confusos, queriéndonos y todo. Tendrían que ser ellos quienes
hablasen, como hacen los huérfanos, de lealtad y de afecto.
Ella, que se entregaba al azar como muñeca ausente, mordía las
uñas y su gozo fue casi casi sobrecogedor. De él, ya se supo
bastante. Pájaros y ascuas y la carne que acaba sin misericordia
con nosotros. En Prinderos y sólo una vez.

