Victimas
VÍCTIMAS
I
Hace mucho calor. Es agosto. Georgia. Sudamos. El algodón está alto. Nuestras blancas y limpias manos se apresuran a recogerlo. Pero, nada más atravesar la cerca que limita la cercana explotación, un vigilante negro, látigo en mano, nos advierte:
“Ni se os ocurra, pues juro que os va la vida en ello. Éste es el trabajo de nuestra gente y de nadie más”.
Retrocedemos.
II
Una vez más, contrapuestos víctima y verdugo, aspiramos a presentir la gran cantidad de cosas comunes que nos dividen.
VÍCTIMAS
I
Hace mucho calor. Es agosto. Georgia. Sudamos. El algodón está alto. Nuestras blancas y limpias manos se apresuran a recogerlo. Pero, nada más atravesar la cerca que limita la cercana explotación, un vigilante negro, látigo en mano, nos advierte:
“Ni se os ocurra, pues juro que os va la vida en ello. Éste es el trabajo de nuestra gente y de nadie más”.
Retrocedemos.
II
Una vez más, contrapuestos víctima y verdugo, aspiramos a presentir la gran cantidad de cosas comunes que nos dividen.

