Prostitucion
PROSTITUCIÓN
Luciendo los harapos de una vida rota, vende su cuerpo, vestida para matar. Cada día, de sol a sol, unos diez hombres la penetran. Pero ni uno sólo es capaz de traspasar ni de rasgar siquiera la última capa de pintura sobre la arpillera de su piel. En menos de una décima de segundo, olvida nombre, rostro, polla, manos, culo, ojos, mirada. Después, otro y otro. Ya al final de la noche, exhausta de tanto trabajo, locura y desmesura, cuenta sus ingresos. Son cuantiosos. Suficientes para cambiar de orden vital algún día, pero tales son sus adicciones y débitos que resultan insuficientes. Cocaína, éxtasis, heroína, alcohol, ropa, maquillaje, lencería, proxenetas, mafias, dueños de pensiones. Así, al día siguiente, vuelve a vender su cuerpo, día tras otro. Con ojos de pérdida, pero aires de buena chica, se insinúa a sus clientes en mitad de la calle, abordándolos con confianza y galanteo. Éstos, guapos y feos, pobres y listos, ricos y tontos, caen baboseando como un toro bajo una encina. Juntos, sin salir de las mismas cuatro paredes de siempre, visitan pensiones, alcobas, hoteles, hostales, moteles, domicilios sin portero, chalet, ministerios…etc. Ninguno sabe porqué lo hace, principalmente porque es muy posible que ni siquiera lleguen a planteárselo. Sólo quieren gozar y olvidar. La mayoría, se corren enseguida, excepto cuando llegan colgados, que les resulta realmente difícil. Pero eso a ella poco importa. Como gran profesional que es, con todos actúa de la misma manera. Como sí cuidase del bebé que jamás tuvo, pero sí alquiló.
PROSTITUCIÓN
Luciendo los harapos de una vida rota, vende su cuerpo, vestida para matar. Cada día, de sol a sol, unos diez hombres la penetran. Pero ni uno sólo es capaz de traspasar ni de rasgar siquiera la última capa de pintura sobre la arpillera de su piel. En menos de una décima de segundo, olvida nombre, rostro, polla, manos, culo, ojos, mirada. Después, otro y otro. Ya al final de la noche, exhausta de tanto trabajo, locura y desmesura, cuenta sus ingresos. Son cuantiosos. Suficientes para cambiar de orden vital algún día, pero tales son sus adicciones y débitos que resultan insuficientes. Cocaína, éxtasis, heroína, alcohol, ropa, maquillaje, lencería, proxenetas, mafias, dueños de pensiones. Así, al día siguiente, vuelve a vender su cuerpo, día tras otro. Con ojos de pérdida, pero aires de buena chica, se insinúa a sus clientes en mitad de la calle, abordándolos con confianza y galanteo. Éstos, guapos y feos, pobres y listos, ricos y tontos, caen baboseando como un toro bajo una encina. Juntos, sin salir de las mismas cuatro paredes de siempre, visitan pensiones, alcobas, hoteles, hostales, moteles, domicilios sin portero, chalet, ministerios…etc. Ninguno sabe porqué lo hace, principalmente porque es muy posible que ni siquiera lleguen a planteárselo. Sólo quieren gozar y olvidar. La mayoría, se corren enseguida, excepto cuando llegan colgados, que les resulta realmente difícil. Pero eso a ella poco importa. Como gran profesional que es, con todos actúa de la misma manera. Como sí cuidase del bebé que jamás tuvo, pero sí alquiló.

